LA FELICIDAD (II)

felicidad II

Hace apenas unas semanas escribí un primer artículo sobre la felicidad en el periódico Viva Jaén, teniendo en cuenta que iba a ser imposible concentrar en tan poco espacio todo aquello que habría que hablar sobre este asunto. Pues bien, volviendo sobre ello, hay que decir que la palabra felicidad proviene del latín felicitas, -atis, y que según el diccionario de la RAE es el “estado de grata satisfacción espiritual y física”. De ahí que en muchas ocasiones se haya venido confundiendo felicidad con otros sinónimos como bienestar, dicha, placer, alegría, etc ; términos importantes, pero que no implican a la persona como tal, y que no dejan de ser relativamente superficiales. Por tanto, la persona que se contente con intentar alcanzar cierto grado de bienestar o placer físico, caerá de forma inexorable en una profunda insatisfacción, porque esto es pasajero y por decirlo de alguna forma, no colma la necesidad que todos tenemos de ser felices.

            Por otra parte, hay que observar que la felicidad depende en muchos casos de factores internos, tales como el temperamento, el humor, nuestro nivel o grado de actividad, nuestra facilidad para adaptarnos a los cambios, así como de factores genéticos. Sin embargo, no debemos renunciar a buscar la felicidad sobre todo en su ámbito espiritual, teniendo siempre en cuenta que la felicidad plena y completa no existe en esta vida. Ahora bien, tal y como señalaba en mi artículo anterior, si la fuente principal de la felicidad son las personas, los seres que queremos, la encontraremos precisamente en la medida en que procuremos buscar la felicidad de los que nos rodean, sirviéndoles, ayudándoles y haciéndoles en definitiva la vida más amable y alegre.

            Para terminar, no quisiera dejar de hacer mención también a que la felicidad está ligada a lo que Julián Marías llama la “capacidad de proyección del hombre”, a la condición amorosa del mismo, según la cual, la felicidad no es posible para el hombre que no ama, entendiendo por amor tanto el que se tiene a las personas como el amor a Dios.

            Joaquín Alcalá Vique

 

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LA FELICIDAD (I)

Foto Felicidad I

Llevaba tiempo pensando en escribir sobre la felicidad y he vuelto a releer a Julián Marías, que creo que es el pensador reciente que mejor ha explicado qué es y en qué consiste la felicidad. La define el filósofo como el “imposible necesario”, es decir, aquello hacia lo que el hombre tiende por naturaleza, pero no logra conseguir de forma plena. La busca de forma constante y no puede conservarla, se le escapa de las manos.

Hay que decir también, que la felicidad es un asunto personal que consiste en tener proyectos, fijarse unos objetivos, unas metas en la vida y poder cumplirlos. Dicho de otra manera, consiste en hacer algo con la propia vida que merezca la pena, algo que sea grande y positivo de acuerdo con las posibilidades de cada uno. Y aquí hay que mencionar dos componentes fundamentales que van ligados a la felicidad: la inseguridad y la ilusión en su sentido positivo. La vida del hombre es por sí misma insegura y, sin embargo, este tiene una necesidad imperiosa de seguridad, por tenerlo todo de alguna forma amarrado. Por eso, no quiere exponerse a la infelicidad, sin embargo, el hombre debe elegir y estar expuesto a ser feliz, porque de otra forma nunca conseguirá la felicidad que persigue. Por otra parte, la ilusión es lo que le hace vivir mirando hacia delante, levantarse cada día pensando en que algo bueno le espera, algo tiene que realizar que le llene y le mueva. Tener ilusión, al fin y al cabo es estar vivo; tener la ilusión de llegar a ser uno mismo, de luchar contra todas las dificultades que nos surgirán de forma inevitable sabiendo que ahí, se moldea nuestra personalidad y está en juego nuestra felicidad.

También hay que tener en cuenta que la fuente principal de la felicidad son las personas, los seres que queremos y nos quieren: los padres, los hijos, la familia en general y los amigos. Por eso, echamos tanto en falta a las personas queridas que han muerto, porque las necesitamos y nos dejan un enorme vacío cuando ya no están con nosotros. Los cristianos pensamos y tenemos fe en que volveremos a unirnos a ellos, que estaremos con ellos de nuevo en la vida que nos espera tras esta, y esa posibilidad nos llena de ilusión y por tanto de felicidad.

JOAQUÍN ALCALÁ VIQUE

ANTONIO ALCALÁ VENCESLADA

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LLevo días releyendo, comentando e indagando sobre la figura y la persona que fue mi abuelo paterno Antonio Alcalá Venceslada.

Escritor, poeta, archivero y bibliotecario, fundador y colaborador de revistas y diarios,  Catedrático de Instituto, miembro del Instituto de Estudios Giennenses, miembro correspondiente de la Real Academia de la Lengua y de la Historia… pero ante todo, me gustaría destacar algunos aspectos de su vida y de su personalidad. En primer lugar, resaltaría su amor y dedicación a esta tierra nuestra, Jaén y Andalucía en general. Se pasó toda su vida recogiendo notas de las palabras y expresiones que oía decir a la gente de aquí y allá por donde pasaba: “ese tiene el ojo chindo o chindigo”, adj, Ojo remellado o persona que lo tiene así”,  por ejemplo.  Fruto de esa ingente tarea es su obra Vocabulario Andaluz, que con más de 18.000 palabras, constituye el diccionario regional de voces andaluzas más completo de los publicados hasta el momento. Desde aquí, mi agradecimiento a D. Ignacio Ahumada por su labor en la edición del Vocabulario que publicó la Universidad de Jaén.

En segundo lugar, y según he podido constatar de diversas fuentes, destacaba por ser un hombre cordial, de trato afable y buen humor que le llevó a mantener numerosísimas amistades.  Escribía y recibía cartas a diario; leía y no dejaba de mantener el contacto con tantas personas a las que conoció a lo largo de su vida: hay que tener en cuenta que estudió en Sevilla, Granada y  Málaga; trabajó varios años en Santiago de Compostela, en Cádiz, Huelva… viajaba con frecuencia a Madrid y desde 1921 ejerció como Catedrático del Instituto Virgen del Carmen en Jaén, donde ya se establecería de forma definitiva. Como literato de la época, se reunía con frecuencia para tener una tertulia con el llamado “Grupo de los Quince”. Desde pequeño recuerdo a mi padre contar anécdotas , sucedidos y chascarrillos que le habían sucedido a lo largo de su vida.

Por último, no quisiera dejar de recordar otro aspecto no menos importante de su personalidad, y es el que se refiere a la generosidad con la que se ocupaba de los demás. No dejaba de ayudar e interceder por todo aquel que tuviera cualquier necesidad del tipo que fuera.  Por todo esto, me siento orgulloso de Antonio Alcalá Venceslada.

 

JOAQUÍN ALCALÁ VIQUE

 

ESTE CUENTO YA HA EMPEZADO

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Érase una vez un Santo Reino que perteneció a la Corona de Castilla, tuvo la capital de su Taifa en Jaén y ocupó una posición privilegiada y significativa a lo largo de muchos, muchos años. Los ciudadanos residentes en dicha población, se desplazaban por ella con los medios de los que disponían por esa época: primero por caminos y luego más tarde, en el siglo XX por carreteras asfaltadas. Los fines de semana era frecuente ver cómo familias enteras visitaban parajes cercanos a la ciudad, como la Cañada de las Hazadillas, los Cañones en el Puente de la Sierra o las Termas de Jabalcuz, por nombrar algunos. Unos se bañaban en “el  Chilanco del Civil¨, otros pescaban truchas y algunos tomaban baños en las citadas termas. La ciudad contaba con un parque de la Victoria en el que la gente podía pasear con sus hijos sin temor a ser atracado, asaltado o intimidado. Era una época en la que existía un pequeño almacén de bicicletas que alquilaban y un paseo que, entonces, sí que era utilizado realmente para pasear en bicicleta y donde muchos niños y niñas pequeños aprendieron a montar y se soltaban en esta disciplina deportiva por un circuito que también existió contiguo a la Calle Baeza.

Pero entonces, sucedió que con el paso del tiempo, la dejadez de las distintas Administraciones Públicas y el poco civismo de algunos de sus ciudadanos, aquellos parajes se convirtieron en auténticos estercoleros, los riachuelos fueron contaminados, las instalaciones destruidas y deterioradas; no se conservaban ni se arreglaban… hasta que por fin, parte de la población del Santo Reino estalló y surgió la idea de aunar sus esfuerzos y crear la organización ¨JAÉN MERECE MÁS”,  a la que se fueron sumando distintas asociaciones de diversos ámbitos sociales, entre ellos, de carácter empresarial, vecinal, ecologista, deportivo, social o profesional. Y empezaron a reivindicar mejoras para la ciudad de Jaén. A saber: puesta en marcha del tranvía; arreglo de la zona de los Cañones; recuperación de las termas de Jabalcuz; rehabilitación de distintos barrios emblemáticos de la ciudad; creación de recintos deportivos; hospital de calidad y mejora de la señalización turística; insistir en que nuestra Catedral sea reconocida Patrimonio de la Humanidad. Y para todo ello, se empezó a exigir a los políticos gobernantes que, a su vez, solicitaran la realización de las inversiones prometidas y no llevadas a cabo por las distintas Administraciones, para que todo lo anterior, algún día se convirtiera en una realidad tangible y maravillosa, y de forma efectiva, el  Santo Reino volviera a recuperar aquella posición privilegiada que hace muchos, muchos años tenía. Y colorín colorado, este cuento ya ha empezado.

JOAQUÍN ALCALÁ VIQUE