ESTE CUENTO YA HA EMPEZADO

Érase una vez un Santo Reino que perteneció a la Corona de Castilla, tuvo la capital de su Taifa en Jaén y ocupó una posición privilegiada y significativa a lo largo de muchos, muchos años. Los ciudadanos residentes en dicha población, se desplazaban por ella con los medios de los que disponían por esa época: […]

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Érase una vez un Santo Reino que perteneció a la Corona de Castilla, tuvo la capital de su Taifa en Jaén y ocupó una posición privilegiada y significativa a lo largo de muchos, muchos años. Los ciudadanos residentes en dicha población, se desplazaban por ella con los medios de los que disponían por esa época: primero por caminos y luego más tarde, en el siglo XX por carreteras asfaltadas. Los fines de semana era frecuente ver cómo familias enteras visitaban parajes cercanos a la ciudad, como la Cañada de las Hazadillas, los Cañones en el Puente de la Sierra o las Termas de Jabalcuz, por nombrar algunos. Unos se bañaban en “el  Chilanco del Civil¨, otros pescaban truchas y algunos tomaban baños en las citadas termas. La ciudad contaba con un parque de la Victoria en el que la gente podía pasear con sus hijos sin temor a ser atracado, asaltado o intimidado. Era una época en la que existía un pequeño almacén de bicicletas que alquilaban y un paseo que, entonces, sí que era utilizado realmente para pasear en bicicleta y donde muchos niños y niñas pequeños aprendieron a montar y se soltaban en esta disciplina deportiva por un circuito que también existió contiguo a la Calle Baeza.

Pero entonces, sucedió que con el paso del tiempo, la dejadez de las distintas Administraciones Públicas y el poco civismo de algunos de sus ciudadanos, aquellos parajes se convirtieron en auténticos estercoleros, los riachuelos fueron contaminados, las instalaciones destruidas y deterioradas; no se conservaban ni se arreglaban… hasta que por fin, parte de la población del Santo Reino estalló y surgió la idea de aunar sus esfuerzos y crear la organización ¨JAÉN MERECE MÁS”,  a la que se fueron sumando distintas asociaciones de diversos ámbitos sociales, entre ellos, de carácter empresarial, vecinal, ecologista, deportivo, social o profesional. Y empezaron a reivindicar mejoras para la ciudad de Jaén. A saber: puesta en marcha del tranvía; arreglo de la zona de los Cañones; recuperación de las termas de Jabalcuz; rehabilitación de distintos barrios emblemáticos de la ciudad; creación de recintos deportivos; hospital de calidad y mejora de la señalización turística; insistir en que nuestra Catedral sea reconocida Patrimonio de la Humanidad. Y para todo ello, se empezó a exigir a los políticos gobernantes que, a su vez, solicitaran la realización de las inversiones prometidas y no llevadas a cabo por las distintas Administraciones, para que todo lo anterior, algún día se convirtiera en una realidad tangible y maravillosa, y de forma efectiva, el  Santo Reino volviera a recuperar aquella posición privilegiada que hace muchos, muchos años tenía. Y colorín colorado, este cuento ya ha empezado.

JOAQUÍN ALCALÁ VIQUE

ESTE CUENTO YA HA EMPEZADO

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Érase una vez un Santo Reino que perteneció a la Corona de Castilla, tuvo la capital de su Taifa en Jaén y ocupó una posición privilegiada y significativa a lo largo de muchos, muchos años. Los ciudadanos residentes en dicha población, se desplazaban por ella con los medios de los que disponían por esa época: primero por caminos y luego más tarde, en el siglo XX por carreteras asfaltadas. Los fines de semana era frecuente ver cómo familias enteras visitaban parajes cercanos a la ciudad, como la Cañada de las Hazadillas, los Cañones en el Puente de la Sierra o las Termas de Jabalcuz, por nombrar algunos. Unos se bañaban en “el  Chilanco del Civil¨, otros pescaban truchas y algunos tomaban baños en las citadas termas. La ciudad contaba con un parque de la Victoria en el que la gente podía pasear con sus hijos sin temor a ser atracado, asaltado o intimidado. Era una época en la que existía un pequeño almacén de bicicletas que alquilaban y un paseo que, entonces, sí que era utilizado realmente para pasear en bicicleta y donde muchos niños y niñas pequeños aprendieron a montar y se soltaban en esta disciplina deportiva por un circuito que también existió contiguo a la Calle Baeza.

Pero entonces, sucedió que con el paso del tiempo, la dejadez de las distintas Administraciones Públicas y el poco civismo de algunos de sus ciudadanos, aquellos parajes se convirtieron en auténticos estercoleros, los riachuelos fueron contaminados, las instalaciones destruidas y deterioradas; no se conservaban ni se arreglaban… hasta que por fin, parte de la población del Santo Reino estalló y surgió la idea de aunar sus esfuerzos y crear la organización ¨JAÉN MERECE MÁS”,  a la que se fueron sumando distintas asociaciones de diversos ámbitos sociales, entre ellos, de carácter empresarial, vecinal, ecologista, deportivo, social o profesional. Y empezaron a reivindicar mejoras para la ciudad de Jaén. A saber: puesta en marcha del tranvía; arreglo de la zona de los Cañones; recuperación de las termas de Jabalcuz; rehabilitación de distintos barrios emblemáticos de la ciudad; creación de recintos deportivos; hospital de calidad y mejora de la señalización turística; insistir en que nuestra Catedral sea reconocida Patrimonio de la Humanidad. Y para todo ello, se empezó a exigir a los políticos gobernantes que, a su vez, solicitaran la realización de las inversiones prometidas y no llevadas a cabo por las distintas Administraciones, para que todo lo anterior, algún día se convirtiera en una realidad tangible y maravillosa, y de forma efectiva, el  Santo Reino volviera a recuperar aquella posición privilegiada que hace muchos, muchos años tenía. Y colorín colorado, este cuento ya ha empezado.

JOAQUÍN ALCALÁ VIQUE