TANTO RUIDO

FOTO DEL MAR

“Y con tanto ruido/no escucharon el final…”eso dice una de las canciones de Sabina, y es que efectivamente nos encontramos inmersos en una sociedad que vive sumida en un ritmo frenético, llena de ruido, incapaz de pararse a escuchar y ver lo que sucede a su alrededor. ¿Cuántos problemas se solucionarían, o mejor dicho, no existirían, si fuésemos capaces de tener la capacidad y la costumbre de saber escuchar? Pero hay tanto ruido, ya digo, tanta prisa por no ir a ninguna parte, que no nos permite escuchar.

Es una realidad que las consultas de los psiquiatras y los psicólogos son cada vez más frecuentadas; crece el consumo de ansiolíticos, somníferos y antidepresivos que no logran sino aliviar un poco la vida, pero que no terminan de solucionar los problemas generados por ese ritmo inquieto y desvariado que en tantas ocasiones llevamos. De esta forma, es necesario un cambio de actitud y de comportamiento: detenernos un poco a saborear la vida, a disfrutar de la familia, de los amigos, de tanta gente buena que hay a nuestro alrededor. Para encontrar la verdadera paz y la alegría es necesario el silencio; poder pensar y analizar quiénes somos, qué hacemos aquí, cómo estamos actuando y hacia dónde debemos encaminar nuestra conducta.

Tenemos que saber educar a nuestros hijos en este sentido porque lo que las modas imponen es el ruido y el consiguiente aislamiento. Es frecuente ver a muchos jóvenes que viven de forma permanente con los auriculares puestos, aislados de lo que les rodea; con la música del “chunda, chunda” en el coche “a todo lo que da”. Recuerdo con agrado como varios profesores de música nos dejaban estudiar poniéndonos música clásica de fondo que poco a poco nos iba educando el oído. Se trataba de compositores como Beethoven, Vivaldi, Bach… que nos hacían más amenas las mañanas o las tardes de clase en el colegio.

Por otra parte, para que la comunicación sea posible y pueda haber entendimiento, ya sea en el ámbito familiar, laboral, matrimonial, etc, deben darse las circunstancias necesarias, entre las que se encuentra la ausencia de ruido, porque si no, ocurrirá que el mensaje entre el emisor y el receptor no será el correcto y se producirán los consiguientes malentendidos. De esta forma podrá existir el diálogo, el respeto y la actitud de escucha tan necesaria para poder lograr acuerdos y fortalecer vínculos, y que no ocurra lo que dice mi tocayo: “Y con tanto ruido/no se oyó el ruido del mar”.

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